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La Nava y su estación de ferrocarril

El ferrocarril Zafra-Huelva, se puso en marcha a finales del siglo XIX, con un recorrido aproximado de 180 Km., de los que casi la mitad discurren entre sierras, de ahí la cantidad de túneles y puentes existentes.

Los primeros pasos fueron muy fuertes, las máquinas utilizadas para tirar de los vagones funcionaban con leña, pues en nuestro término siempre había cuadrillas de hombres cortando encinas, era la mejor madera, extraordinaria para este fin por su combustión y bastante resistente.

Más tarde, llegaron los adelantos y su alimentación se hacía por medio del carbón, trabajo muy duro y sucio para el fogonero o ayudante del maquinista que constantemente tenía que reponer la caldera de la locomotora para conseguir la suficiente fuerza para no perder la inercia, todo ello, ayudado por el agua que tomaban de algunas estaciones donde existía un depósito con la correspondiente grúa para llenar su tanque, con lo que se producía el vapor necesario. La nuestra era una de ellas.

La estación de La Nava, pese a ser muy pequeña y apartada de la población fue una de las que más trabajo aportaba, pues en ella se cargaban a diario vagones de carbón, madera de pino o chopos, arena extraída de la ribera del Murtiga para la construcción, etc. , por eso llegó a disponer de una vía principal, dos auxiliares, una placa para dar la vuelta al vagón y ponerlo en posición correcta dentro de uan vía muerta o sin salida, donde tenían que estacionarse a orilla de un muelle para su carga.

Todas estas operaciones se hacían de forma manual y las cargas a fuerza de sudor.

Sobre los años 35 o 40 del pasado siglo el auge fue relevante, sobre todo en lo referido al carbón de encina, los arrieros con sus recuas de bestias acarreaban en seras de esparto el carbón recogido en los campos, donde los hombres hacían sus hornos después de arrancadas las encinas, taladas y troceadas, siempre a mano y sin un serrucho de larga dimensión para cuando el tronco era grueso, entre dos personas, una a cada lado lo aserraban, trabajo no recomendable por la fuerza a emplear.

Aprovechando éstos momentos tan esplendorosos, se instaló en la estación un señor llegado de Huelva, representando a la firma NEGRON que, acaparaba toda la producción con destino a la capital, era conocido como "El Tío Felipe", para mi gusto buena persona y comerciante a la vez. No solo trasportaba el carbón en el tren, pues la demanda era importante, sino que disponía de una flota de camiones de gran tonelaje y cuando era necesario aparecían por el lugar para marcharse repletos, bien a granel o en las propias seras.

La estación estaba compuesta por una vivienda con despacho para el jefe, disponiendo de un telégrafo tipo teléfono para el control de la circulación de los trenes, una sala de espera, otra habitación con cocina más reducida para el Jefe nocturno o Factor, una mayor para el guarda agujas, un retrete, así constaba en el rótulo y la cantina de dos plantas. Los servicios estaban dedicados a hombres y mujeres en todas las estaciones, porque en los vagones de viajeros no existían como hoy.

Como el paso de los trenes, sobre todo de viajeros era de dos al día, la cantina propiamente dicha, sólo se abría para estas ocasiones, pero durante el día el bar funcionaba en la parte baja donde había un gran patio sombreado por parras, paradero para el descanso y aprovisionamiento de las transeúntes, arrieros, personal de los cortijos cercanos y trabajadores de diario.

Uno de los trenes era el correo, sólo para viajeros, pero llevaba incorporado un vagón-coche dedicado a la correspondencia donde un administrador ambulante recogía y entregaba todo aquello que venía con destino a los pueblos, haciéndose cargo un cartero desplazado, en el caso de La Nava, primero en bestia, después en moto y por último en coche hasta que dejó de funcionar este servicio. Hoy se hace por carretera como en el año 1840, sólo que en aquella fecha llegaba dos veces por semana y en la actualidad es a diario, desde la misma ciudad, Aracena.

El segundo tren, menos importante era mixto, pasajeros y mercancías, sobre todo, pescado por eso le llamaban el "Pescaero", pues tenía la misma finalidad que el anterior pero el reparto era de pescado procedente de Huelva, luego entre uno y otro existían los de transportes diversos. Este servicio se realizaba, uno muy temprano destino Huelva y otro muy tarde hacia Zafra. Como curiosidad os diré que la calefacción para los viajeros, se conseguía por medio de unos tubos de acero de un metro aproximadamente de largo por 20 ó 25 cm de ancho, llenos de agua caliente, sólo para colocar los pies sobre ellos, pues iban sueltos en los departamentos y se rellenaban en Fregenal de la Sierra y Valdelamusa. Durante todo el trayecto no había más.

Con el fin de tener un recuerdo para la historia, os informo que la citada cantina estuvo regentada siempre por mi abuelo materno Celestino Arellano Romero, casado con mi abuela Ramona Muñíz Muñoz, quien la llevó hasta su vejez porque él falleció bastantes años antes que ella. Al amparo de este negocio nacieron mi madre y mis tíos, siendo mis primeros días también allí, pues entre una casilla para los empleados de vías y obras, donde trabajaba mi padre, junto a la estación de Gil Márquez, denominada La Gazapera y la propia estación de La Nava, llegué hasta los seis años de edad.

A partir de entonces mi vida fue otra, pero como seguía en el pueblo, no dejé de ir de vez en cuando hasta su cierre definitivo, que se llevó a efecto siendo mi primera hermana Amelia Arellano Gómez su propietaria por herencia, año 1964.

Podría llenar varios folios sobre éste tema, pero no voy a ser pesado, solo decir a los posibles lectores la tristeza que me entra como a muchos paisanos y paisanas que conocieron su pasado, ver como ha quedado un lugar de tanto trabajo para muchos, de los ratos que pasaron juntos, las reuniones habidas por otros conceptos, ver el paso de los trenes y, hoy solo hay escombros, todo sepultado, no queda nada, es difícil saber si allí existió o no lo comentado. Hasta hace poco estaba considerada como apeadero y colocaron una mampara al estilo de una parada de autobús, pero en la actualidad el tren no se detiene. Abandono total.

Me gustaría resaltar, que la estación fue el eje central de toda la comarca campesina, de una parte de abastecían de lo necesario para su alimentación, y sobre todo de bebidas, especialmente el vino de bastante consumo a granel, sacado de un barril de pequeñas dimensiones por un grifo muy peculiar "la cañuela", de otra celebraban bailes, concentrándose toda la juventud de los cortijos de los alrededores, pasándolo en grande de conformidad con la época.

Supongo que este trozo de RENFE, hoy por hoy no será rentable, de ahí la sola circulación de un tren de cercanías, pero si se reorganizara bien, con buen material, vías más acordes con la modernización de los trenes y en consonancia con la velociadad, con la divulgación extensa de una publicidad adecuada, podríamos conseguir la comunicación con Zafra, desde la que se llegaría a toda España, principalmente al oeste y al norte y desde Huelva por Sevilla con el resto, especialmente el sur.

Esto en cuanto al desplazamiento viajero de largo recorrido, aparte de lo importante que resultaría para el turismo interior, hacer un viaje en tren de aquellos primitivos con su encanto, porque el trayecto es precioso, paisajes de todos los colores, lugares de interés, sierras, valles, ríos, túneles, puentes, parajes, zonas donde pasar unas horas o días , etc, y sería de esperar que si se consiguiera redundaria en beneficio de la propia RENFE, después en personal para estas funciones, el comercio de la sierra se vería incrementado sobre todo los productos del cerdo, los bares, restaurantes y casas rurales, teniendo como fondo final el conocer de una manera directa y distinta los atractivos tan especiales y bellos que nos brinda la Sierra de Huelva.

 

Por Rafael Lobo Arellano

 

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