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La Nava y su molino de aceite

Hace unos días, mi buen amigo y compañero de colegio Claudio Guerra, me refrescó la memoria y nos fuimos nada menos que a los años cuarenta del siglo pasado, cuando ambos teníamos once años de edad, por eso somos quintos.

Salió la conversación, porque él sabe que yo voy agenciando todo aquello que puedo respecto de nuestro pueblo, tanto por si algún día se puede publicar en alguna revista local o simplemente para el recuerdo.

Al comentar la época, me dijo que rebuscando en uno de sus baúles, mueble poco usado en la actualidad, había encontrado una redacción que hicimos un día que nuestro maestro D. Francisco Medina, nos llevó formando parte de nuestro aprendizaje a visitar el Molino de Aceite que tenía el Sr. Nieto, de Galaroza, en término de La Nava, llamado "EL MARTINETE". Por cierto, he podido saber con un 90% de fiabilidad, que el inicio de esta empresa familiar fue o se dedicó a la fabricación de calderas remachadas, y precisamente por ese constante martilleo pueda venir el nombre de "El MARTINETE", porque está claro que a ellos, creo que eran dos personas, todo el mundo les llamaba los "Martineteros", según me informan sus parientes y quienes les conocieron. Como digo, nuestro profesor nos dio toda clase de explicaciones sobre su funcionamiento, pues al día siguiente teníamos que demostrar que habíamos prestado la debida atención.

Tal y como Claudio explicó, todo el proceso se hacía movido por el agua, que por su propio peso llegaba por una acequia o leva procedente del Río Múrtiga, tomada en una presa construida a propósito, pudiendo comprobar que así era porque nos llevaron a verla.

Fue una jornada muy útil para nosotros, aprovechamos bien aquella lección que tanto el Maestro como los empleados del molino nos inculcaron, pues 65 años después, aun recordamos el trabajo, no solo por el apunte de referencia, sino porque hemos desgranado en nuestra charla todo lo que sucedió aquél día, dando pié a poder relatar en esta ocasión, algo olvidado.

Es una lástima que las Autoridades del momento no se hubieran preocupado por la conservación de ese molino ejemplar. No recuerdo si había alguno más de estas características, todo manual, artesano y su fuerza motriz el agua para hacer mover las piedras que trituraban la aceituna, después la masa la iban pasando a los capachos de esparto, en tandas, una sobre otra hasta que el torno de la prensa estaba lleno, ahí empezaban los hombres con su fuerza muscular ayudados por unas palancas apretando fuertemente para dar salida al caldo, o sea al aceite.

Digo más atrás que no recuerdo si había otro similar, pero el amigo Herminio, conserva pese a sus años, una memoria muy clara y me dice que, en la posada de la Tia Costanza, llamémosle así cariñosamente, hubo otro molino de aceite con anterioridad, pero al notar con agua, como el comentado, la trituración se hacía por el procedimiento de la noria, dando vueltas constantemente alrededor, encargándose de ello un burro enganchado a un palo largo, cuyo nombre ignoro, siguiendo a continuación el proceso normal con la poco agua de que disponían, sacada de un pozo que había y que sigue existiendo en el interior de la casa, pues las posadas ya no están, pero sobre ellas se construyeron o restauraron sendas viviendas.

Volviendo al MARTINETE, creo que su destrucción se podría haber evitado aunque la carretera hubiera ocupado parte de su asentamiento y, hoy podríamos presumir de algo que ya no existe en ninguna parte, sería un museo a visitar junto con el puente del infierno, el medieval o romano, la primera Central Hidroeléctrica de la provincia, los Batanes, algunos de los molinos harineros, incluso el puente del FF.CC. Zafra-Huelva por su ejecución y altura, haciendo un recorrido de 10 Km aproximadamente muy atractivo para los amantes de lo antiguo y de la naturaleza, pues sus enclaves a orillas del Río Múrtiga, son de una belleza extraordinaria.

Podríamos mostrar a las personas que nos visitaran, tan de moda en el turismo interior, algo desconocido para ellos, la forma que tenían nuestros abuelos de trabajar, lo difícil que resultaba conseguir lo que en la actualidad se hace con tanta facilidad debido a la tecnología, pero era digno de admiración ver cómo aquellas personas realizaban sus quehaceres, sacándole rendimiento con el esfuerzo que requiere de la forma más rudimentaria porque no conocían otros sistemas, ni los había, y si los había, no eran aplicables económicamente.

Hemos perdido el legado de nuestros antepasados, hoy, hubiéramos podido contar con esas prendas de lujo, que al final incluso nos hubieran reportado beneficios, pues al poder ser expuestos a la contemplación de los viajeros generarían unos ingresos por varios conceptos, como ocurre en otros municipios donde se las ingenian de tal manera que en cualquier rama encuentran la forma de atraer al turismo.

Espero de nuestras autoridades hagan cuanto puedan para conseguir algo parecido a mi exposición, aunque poco probable por la desaparición casi en su totalidad de éstos inmuebles, pero sobre todo, vean la manera de remover los escombreos del citado molino, con la idea de extraer si se puede o si están, aquellas piedras que tanto fruto dieron en su momento para colocarlas en algún lugar adecuado de nuestro pueblo, como muestra de lo que nunca debió de perderse.

 

Por Rafael Lobo Arellano

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