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Fiesta del Melocotón

El Origen de la Fiesta del Melocotón

Durante la década de 1950 y principios de los 60, La Nava experimentó un gran auge poblacional, llegando a pasar de los 10000 habitantes y todo ello gracias al trabajo que proporcionaba la mina María Luisa, que tenía en plantilla a más de 200 empleados, por lo que fue necesario contratar a hombres de pueblos limítrofes, ya que en La Nava no existían viviendas para todas la familias.

Los trabajadores que vivían en La Nava, cuando terminaban su jornada laboral, se dedicaban al cultivo de las huertas existentes en el término con el fin de ayudar a la economía familiar con los productos que obtenían de las fértiles tierras; en las huertas sembraban las patatas que serían el sustento de todo un año, junto con el tomate, cebollas, ajos y toda clase hortalizas que se podían conservar. Pero las huertas no sólo producían este tipo de cultivos, sino que acogían en su seno los árboles que tanta fama le han dado a la población: los melocotoneros.

Las plantaciones de melocotoneros a principios de los 60 suponían para los vecinos una de las mayores riquezas de la tierra, pues durante la época de recolección de la fruta en todas las casa que poseían huertas había un intenso trabajo; por la mañana se realizaba el proceso de recogida en la huerta; al mediodía, se envasaban las cajas con la preciada fruta; a estas cajas se le colocaba en el fondo una alfombra de mastranto para evitar el daño que se pudiese producir al melocotón, planta que, a la vez, proporcionaba un intenso y delicioso olor en todas las casas; por la tarde se sacaban las cajas ya preparadas a las puertas de las casas y se esperaba a que pasara el camión que las transportarían a la lonja de Sevilla.

Este sistema de transporte y venta dio paso a otros varios mecanismos, como su venta directa a empresas de Murcia, que dieron renombre al melocotón de La Nava en toda España.

Pero, con el cierre de la mina María Luisa, el declive económico y la emigración afectaron también a la producción de las huertas, que quedaron semiabandonadas, al menos en lo que a su explotación comercial se refiere. Con tantos vecinos fuera del pueblo, los habitantes de La Nava quedaron reducidos a poco más de 300.

Los emigrantes esperaban con ansia la llegada de unos días de vacaciones para poder volver al pueblo, principalmente con motivo de las fiestas patronales. Tanto empeño ponían, que en 1964 esta festividad hubo de ser cambiada de fechas para poder albergar a los hijos del pueblo que volvían en Agosto. A resultas de este cambio, el calendario festivo de La Nava quedó huérfano de actividades durante los primeros días de Septiembre, a lo que, de inmediato se puso solución por parte de un grupo de vecinos que, ni cortos ni perezosos, buscaron un gran barreño y unos kilos de melocotones con los que hicieron bastantes litros de exquisito ponche; tantos, que los vecinos fueron invitados a participar de festín.

Tras la degustación, alguno se preguntó por qué no extendía n la invitación a todo el pueblo, e incluso se planteó la posibilidad de organizar unos festejos en torno al mejor producto que ofrecía el pueblo: el melocotón. Tanto empeño pusieron, que se creó una Comisión de Festejos encargados de poner en marcha aquella idea.

El éxito fue inmediato, y todo el pueblo se volcó con las nuevas fiestas. Además de representaciones teatrales y otras actividades culturales, los pilares de los primeros años fueron la elección de reina y damas de las fiestas y el reparto gratuito del rico poche navino. Fueron dos elementos mantenidos y mejorados a lo largo de la historia, que también ha mantenido la recuperación del traje típico de hortelana serrana, rescatado del baúl de los recuerdos por esta comisión festiva.

Hasta 1974, las Damas de Honor que acompañaban a la reina fueron de La Nava, pero a partir de entonces, se comenzó a invitar a los pueblos vecinos, cuyos Alcaldes acudían acompañados de su dama correspondiente. Esta práctica ha hecho de la Fiesta del Melocotón un acontecimiento que trasciende fronteras, ya que suelen responder a la invitación localidades de toda la Comarca de la Sierra, además de pueblos de las vecinas Sevilla, Badajoz y Portugal.


La Fiesta del Melocotón, hoy

Como decíamos, al terminar las Fiestas de Ntra. Sra. De las Virtudes, sobre el día 15 de Agosto, La Nava comienza a preparar sus fiestas más populares, las del Melocotón, que se celebrarán invariablemente durante la última semana del mes de Agosto. Para ello, se nombra a la Reina, que ha de ser hija del pueblo, normalmente durante el mes de Mayo, con objeto de que tenga tiempo para preparar todo lo necesario, con lo que se comprueba cómo las fiestas del melocotón implican a todo el pueblo durante todo el año. Seguidamente se da comienzo al diseño y construcción del monumento que contendrá el preciado líquido por el que tantas personas se reúnen: el ponche

La próxima actuación es la elaboración del diseño y construcción del monumento que contendrá en su interior el sabroso ponche. Esta operación se realiza también con mucha antelación, aunque se lleva a cabo con gran sigilo para contribuir a la sorpresa. Mientras se ultima la construcción del monumento, llegan las vísperas de las Fiestas; el viernes, los hombres del pueblo van recorriendo las huertas y recogiendo los melocotones, que los propietarios tienen a bien regalar para que el ponche salga lo mejor posible, mientras que los más jóvenes se dedican a engalanar el recinto de la festividad, esperando que llegue la noche.

Ya avanzada la tarde se inicia la actividad, comienza la pela de los melocotones; los frutos desprenden un aroma tan inconfundible, que dicen solo con olerlos que son de La Nava y que están esperando a que les llegue su hora, la cual llega cunado las hábiles manos de estos vecinos les toman entre sus dedos y comienzan a pelar mas de 300 kilos de nuestra fruta más preciada. Anteriormente, la división de roles estaba muy acentuada, de forma que, mientras las mujeres se dedican a la pela, los hombres colocaban el monumento en su lugar definitivo, siendo observados por todos los que quieren acercarse para verlo. Afortunadamente, este reparto algo sexista no se produce con la misma exclusión que antaño, lo cual convierte a la pela en un espectáculo de verdadera integración social.

Los que se afanan en esta tarea son agasajados por el resto del pueblo, que les lleva café, refrescos y alguna que otra bebida, lo cual contribuye a crear un ambiente único que inicia el proceso de ebullición de la fiesta. El objetivo final de la pela se alcanza cuando los pequeños trozos del fruto reintroducen en recipientes llenos de buen vino blanco del Condado, para que vayan tomando el alcohol necesario, hasta que a la mañana siguiente se haga el ponche.

La elaboración del líquido es labor de una sola persona, que guarda el secreto celosamente de generación en generación, y que, aunque los ingredientes principales son 2500 litros entre vino blanco, gaseosa y azúcar, y algún que otro ingrediente más bien secreto, que aporta un sabor exquisito y especial.

El sábado es el día grande. El carácter comarcal de la fiesta se pone de manifiesto en el lugar de encuentro habitual, situado en el cruce de caminos de dos carreteras importantes para la zona de la Sierra. Desde allí, se acercarán a La Nava las autoridades y Damas representantes de los 20 o 25 pueblos que asisten a la Fiesta, para ser recibidos por las autoridades locales, mientras llegan todos los invitados; seguidnamente y en caravana, realizan la entrada en la localidad, para proceder al a coronación de la Reina, acto muy significativo para todos los pueblos de la Comarca.

Comienza el acto en casa de la Reina saliente, quien acompañada por los Alcaldes y Damas de los diferentes pueblo y, precedidos por la Banda de Música, va a recoger a la Reina entrante, quién, del brazo de una relevante personalidad, será llevada hasta el recinto ferial. Esta labor ha sido ejercida por hombre s y mujeres relacionados con el mundo de la economía, la política, la sociedad o la cultura, tanto procedentes del territorio onubense, como más allá de sus fronteras, como lo demuestra la presencia de personalidades como el Consejero de Relaciones Institucionales de la Junta de Andalucía.

Una vez en el Paseo de los Rosales, donde se instala toda la parafernalia que acoge esta fiesta, irán apareciendo las Damas por orden alfabético de los pueblos a los que representan, mientras que el mantenedor de las Fiestas irá haciendo un canto a cada uno de dichos pueblos, entrando en último lugar la reina del presente año, siendo coronada por la reina del año anterior. Seguidamente se impondrán las bandas a todas las Damas, a las que también se les entrega un hermoso ramo de flores por parte de una cohorte de chiquillos ataviados con el traje de hortelana. A continuación, será leído el pregón por un renombrado orador, papel apreciado por todo aquel que es designado para desempeñarlo, ya que a lo largo de los años lo han llevado a cabo escritores, catedráticos de universidad, poetas, periodistas, representantes institucionales, etc.

Terminado este acto, la Reina se acercará hasta el monumento que contiene el Ponche, y lo ofrecerá a sus Damas y a todos los asistentes, quienes podrán degustarlo gratis hasta que se termine, siendo servido por jóvenes de la localidad, que también portan el traje típico de huertana. Estas ropas forman parte del amplio plantel de elementos patrimoniales con que cuenta la fiesta, ya que es fiel reflejo del traje que ya describiera el cura párroco de La Nava, D. Julián de Castilla, en una carta envidada al Cardenal Arzobispo de Sevilla en el año 1795. En aquella misiva, el sacerdote afirmaba:

"..En los días de fiestas, las mujeres de La Nava lucen un traje muy antiguo y que está hecho de lana para el invierno y de una tela más ligera para el verano. Calzan sus pies con zapatillas con suelas de esparto y hechas de tela blanca con unas cintas de otro color que se anudan a la romana, alrededor de la pierna, alrededor de la pierna, las calcetas acostumbran a ser del mismo color de la falda y les llegan hasta casi las rodillas. Las faldas son de un solo color, con dos o tres cintas de color negro en la parte inferior y que indican la edad de quien las lleva, según el número de estas; las mujeres casadas llevan tres cintas, las solteras dos y las niñas una sola el doble de ancha que las mayores. Estas faldas les llegan hasta los tobillos , aunque cuanta menos edad tienen, más cortas son. Para dar más vuelo a las faldas, utilizan varias enaguas almidonadas y con muchos encajes. Sobre la falda llevan un pequeño delantal de color negro, con encajes de otro color alrededor y con uno o dos bolsillos. En la parte superior del cuerpo, se ponen una camisola con encajes y con cintas en el cuello y las mangas que pasan entre los encajes, terminando con un corpiño bordado a mano por ellas mismas para el verano, y en el invierno además del corpiño, utilizan una especie de chaqueta muy ajustada y corta, también muy bien bordada. El pelo lo llevan recogido en un pañuelo amarrado a la nuca, otras usan una red con muchos madroños que hace las veces del pañuelo y aquellas que tienen el pelo más largo y agraciado, se hacen roetes a ambos lados de la cabeza que sujetan con horquillas y lazos. Las mujeres viudas y de más edad, se visten todas de negro, cubriéndose la cabeza con un gran pañuelo del mismo color, quecuando salen a la calle les tapa hasta la cara......"

 

Por Rafael Lobo Arellano

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